21Abr

Proteína

Los aminoácidos son las moléculas formadas en el organismo y los nutrientes que se hallan en los alimentos, los que se enlazan y forman las proteínas. Existen veinte aminoácidos conocidos que forman cientos de proteínas de diferentes estructuras y mezclas; estos aminoácidos se encuentran en prácticamente todos los alimentos, algunos con mayor valor biológico que otros, como la leche materna, la soya, la carne, el huevo, el pescado y el pollo, entre otros, y son los que aportan la mayor cantidad de proteínas al organismo.

La cantidad de proteínas que se requieren cada día es un tema controvertido puesto que depende de muchos factores, tales como la edad (en el periodo de crecimiento las necesidades se duplican y hasta triplican, a diferencia del individuo adulto) y del estado de salud de nuestro intestino y nuestros riñones, lo que hace variar su grado de asimilación o su pérdida a través de las heces y la orina. Asimismo, depende del valor biológico de las proteínas que se consuman; de hecho, todas las recomendaciones se orientan al consumo de proteínas con alto valor biológico; si no lo son, la necesidad de ellas será aún mayor. En general, se recomienda la ingesta de entre 40 a 60 gramos de proteínas al día para un adulto sano. La Organización Mundial de la Salud y las RDA (Recommended Dietary Allowances), publicadas en Estados Unidos por la Academia Nacional de Ciencias, sugieren un valor de 0.8 gramos por kilogramo de peso y día. Por supuesto, durante el crecimiento, el embarazo o la lactancia tales necesidades aumentan.

El máximo de proteínas que podemos ingerir sin afectar nuestra salud es un tema todavía más delicado. Las proteínas que el organismo no necesita para el crecimiento o para el recambio proteico, consumidas en exceso, se queman en las células para producir energía. A pesar de que tienen un rendimiento energético igual al de los carbohidratos, su combustión es más compleja y deja residuos metabólicos –como el amoniaco– que son tóxicos para el organismo. El cuerpo humano dispone de sistemas eficientes de eliminación, pero todo exceso de proteínas supone un cierto grado de intoxicación que provoca la destrucción de tejidos y, en última instancia, la enfermedad o el envejecimiento prematuro. Por ello, debemos evitar comer más proteínas de las estrictamente necesarias para cubrir nuestras necesidades

Las funciones de las proteínas son muchas, se pueden resumir en ocho grupos principales:

Enzimas: Sirven para degradar compuestos del organismo para formar productos; por ejemplo, las grasas ingeridas en la dieta necesitan enzimas para degradarse y así poder ser utilizadas por el organismo. Lo mismo sucede con los carbohidratos y las proteínas. Cuando existe una infección o un cuerpo extraño, nuestro organismo utiliza enzimas para combatirlos.

Reserva: Algunas proteínas funcionan como reserva energética, lo que significa que cuando ayunamos o padecemos una enfermedad grave el cuerpo utiliza proteínas para obtener energía y combatir así los estados de estrés.

Transporte: Las más importantes son la albúmina y la transferrina, que funcionan como transporte del oxígeno, los medicamentos, las hormonas y demás en la sangre.

Protección: Todos los anticuerpos son proteínas, pues bloquean las sustancias o microorganismos ajenos al cuerpo y evitan su expansión. Las vacunas contienen proteínas que ayudan a proteger el organismo.

Hormonas: Todas las hormonas producidas por el organismo son proteínas, como las hormonas sexuales; las hormonas que ayudan al metabolismo, como la insulina o el cortisol; las hormonas tiroideas; la hormona del crecimiento; las hormonas que ayudan a regular los líquidos, como la hormona antidiurética, o la producción y excreción de leche materna, como la prolactina, entre muchas otras.

Estructura: Las células de nuestro cuerpo tienen una membrana que funciona como recubierta. Esta membrana está compuesta principalmente por lípidos y proteínas, siendo la función de estas últimas la de mantener el equilibrio; son también las encargadas de las “puertas”, por así decirlo, por donde entran o salen las sustancias de la célula, esto es, del intercambio con el medio externo.

Fuerza y crecimiento: Los músculos de nuestro cuerpo están constituidos principalmente por proteínas; de hecho, el músculo es el órgano con mayor cantidad proteica ya que no solo utiliza proteínas para su función, sino que también las reserva para tener siempre un número suficiente de ellas para realizar su función.

Amortiguadores: Las proteínas en la sangre también funcionan como amortiguadores; esto quiere decir que mantienen el equilibrio de los líquidos y sustancias entre la sangre, las células y el espacio entre ellas.

Tomado de: https://www.uv.mx/cienciahombre/revistae/vol25num2/articulos/glutamina/

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